viernes, 26 de abril de 2013

Día Mundial de la (todavía) Propiedad Intelectual

En un día como hoy, hace 43 años, entraba en vigor el Convenio constitutivo de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, con un objetivo primordial: fomentar la protección de la propiedad intelectual en todo el mundo.


Desde luego, resulta indiscutible que durante casi más de medio siglo la comunidad internacional y paralelamente los distintos Estados han ido conformando un sólido conjunto de reglas destinadas a la protección de las creaciones intelectuales. La Convención Universal sobre los derechos de Autor de 1971, el Acuerdo ADPIC de 1994, los Tratados OMPI sobre Derecho de autor y sobre interpretación y ejecución de fonogramas, ambos de 1996, o la ya extensa lista de Directivas encaminadas a la preservación de los derechos de los creadores en el seno de la Unión Europea, son sólo ejemplos destacados de esta intensa labor legislativa en el ámbito de la Propiedad intelectual.

A día de hoy puede afirmarse que, no sólo los autores, sino en general, y usando la terminología tan común en estos días, los “creadores de contenidos” (artistas, productores, editores, organismos de radiodifusión, etc) ven contemplados en las leyes sus derechos como creadores.

Sin embargo, no es menos cierto, y tampoco desconocido, que todo este entramado legal no ha impedido que, a día de hoy, estos creadores vean circular sus “contenidos” por Internet de forma impune, en aras de un mal entendido derecho de acceso a la cultura.  Paradójicamente, los autores de la cultura están hoy más desprotegidos que nunca.

Y es que en España, los datos son escalofriantemente reveladores. Según el Observatorio de piratería y hábitos de consumo de contenidos digitales 2012, un estudio presentado en febrero de esta año por la consultora independiente GfK a instancias de la Coalición de Creadores e Industrias de Contenidos, el valor de lo pirateado en nuestro país durante el pasado año superó los 15.200 millones de euros, un 51%  más que en 2011. La más castigada es, sin duda, la industria musical, con 2.118,3 millones de contenidos piratas circulando libremente por la red.

Estos datos ponen de relieve, lamentablemente, cómo una herramienta tan potencialmente impulsora y enriquecedora de la cultura puede acabar también por aniquilarla. Como anunciaba el Ministro José Ignacio Wert hace un año en una entrevista para ABC “la cultura del todo gratis nos aboca al fin de la cultura”.

Con todo, en medio de este panorama desolador, no todo está perdido. Cada vez son más las iniciativas y campañas encaminadas a la concienciación y educación en el respeto a los derechos de propiedad intelectual entre la población más joven. Por otra parte, y aunque es evidente que en el vertiginoso mundo de las nuevas tecnologías el legislador llega siempre “un poco tarde”, confiemos en que las nuevas medidas propuestas en el Anteproyecto de Modificación de la Ley de Propiedad Intelectual, dirigidas a mejorar la eficacia de los mecanismos legales para la protección de los derechos de propiedad intelectual frente a su vulneración en el ámbito digital, se traduzcan en un verdadero descenso de la piratería.

En un día como hoy, saquemos a relucir las palabras ya lejanas, pero no por ello menos válidas, del diputado le Chapelier al dirigirse a la Asamblea Constituyente francesa: 
"La más sagrada, la más legítima, la más personal de todas las propiedades es la obra, producto del talento de un escritor"
Apostemos, pues, por la defensa de la propiedad intelectual, por la defensa de los autores, escritores, músicos, artistas, editores, productores, y demás creadores, apostemos por los genios e inventores..., en definitiva, apostemos por la cultura.




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