domingo, 26 de abril de 2015

Día Mundial de la Propiedad Intelectual

Los calendarios de celebraciones y efemérides internacionales, promovidos desde la Organización de Naciones Unidas, juegan un papel fundamental como instrumento generador de conciencia social. Nadie pone en duda la necesidad de consagrar un día del calendario cada año a la salud, la lucha contra la pobreza, el hambre, las enfermedades y la violencia. ¿Quién no se siente identificado o, al menos, solidarizado, con estas causas?



Hoy, 26 de abril, celebramos el día mundial de la propiedad intelectual. La fecha conmemora la entrada en vigor del Convenio de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (Convenio OMPI), hace ahora 45 años. 

Ciertamente, la causa puede resultar ajena a una gran parte de la población, para quien el término "propiedad intelectual" es sinónimo de prohibiciones, licencias, censuras y demás obstáculos a la llamada libertad cultural de la era digital. Incluso, desde una óptica no tan crítica, el término propiedad intelectual es susceptible de evocar conceptos tan ajenos para la mayoría de los mortales como son las leyes, los convenios, los jueces  o un montón de abogados encorbatados defendiendo a las "grandes industrias". Quizá hubiera sido más apropiado hablar de día mundial de la creatividad, la innovación o la cultura. Al menos, hubiera tenido más "pegada". Porque, sin recovecos ni artificios, la propiedad intelectual es creatividad, es innovación y es cultura. En el despertador que nos levanta para ir a la oficina, en la música que escuchamos de camino al trabajo, en el videoclip que vemos en la pantalla del metro, en la obra de teatro que se anuncia en la marquesina del autobús, en todos los programas, herramientas y aplicaciones que nos permiten llevar a cabo nuestro trabajo de cada día, en la cafetera que nos rescata del sopor matutino, en la serie de televisión o en el libro que cogemos antes de irnos a dormir... Detrás de todo eso hay músicos, artistas, programadores, ingenieros, actores, escritores, productores, y... sí, probablemente también un montón de jueces, legisladores y abogados encorbatados tratando de salvar lo que queda de este reducto, a veces injustamente cuestionado, que es la propiedad intelectual. 


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lunes, 13 de abril de 2015

El examen de la claridad en procedimientos de oposición ante la EPO: decisión G3/14

La Alta Cámara de Recursos de la Oficina Europea de Patentes ha emitido recientemente una importante decisión (G3/14) sobre el examen de la claridad de las reivindicaciones en los procedimientos de oposición ante dicha Oficina.

La falta de claridad de las reivindicaciones (Art. 84 del Convenio de la Patente Europea) no es un motivo de oposición de los comprendidos en la lista cerrada del Art.100 de dicho Convenio. Sin embargo, cuando durante el procedimiento de oposición el titular ha realizado modificaciones en su patente, el Art. 101(3) indica que la División de Oposición debe examinar si la patente modificada cumple con los requisitos del Convenio (incluyendo el requisito de claridad del Art. 84), y, por tanto, debe decidir si la mantiene con las modificaciones introducidas o si la revoca.

De manera recurrente se ha planteado la cuestión de si la EPO debe examinar la claridad de las reivindicaciones modificadas durante una oposición o un recurso. A este respecto, han surgido dos líneas divergentes de decisiones: 
- La línea seguida por la decisión T 301/87 (línea “convencional), que indica que, cuando se modifican las reivindicaciones durante un procedimiento de oposición, no están permitidas las objeciones por falta de claridad si dichas objeciones no tienen su origen en las modificaciones realizadas (“do not arise out of the amendments made”, en el original en inglés). 
- La línea seguida por las decisiones T 1459/05 y T 459/09 (línea “divergente). La decisión T 1459/05 indicó que, durante el procedimiento de oposición, se puede examinar la claridad de una característica introducida en una reivindicación independiente concedida y procedente de una reivindicación dependiente concedida, especialmente cuando dicha característica adicional sea decisiva para distinguirse de la técnica anterior pero pueda considerarse que adolece de falta de claridad. En la decisión T459/09 se expuso que un “ejercicio sin restricciones” de la facultad de realizar el examen según el Art. 101(3) estaba justificado cuando las reivindicaciones hubieran sido modificadas con una característica técnicamente significativa.

A la vista de la situación, se pidió a la Alta Cámara de Recursos que emitiera una opinión sobre la cuestión de si era permisible examinar la claridad de las reivindicaciones modificadas en aquellos casos en los que uno o varios elementos de una reivindicación dependiente fueran añadidos a una reivindicación independiente, y, de ser así, se le pidió aclarar el alcance de dicho examen de claridad.

La Alta Cámara de Recursos contestó que, de cara al examen previsto en el Art. 101(3),  las reivindicaciones de la patente pueden ser examinadas con el objeto de cumplir con los requisitos del Art. 84 sólo cuando la modificación introduzca el incumplimiento del Art. 84, y el alcance del examen de claridad estará limitado el estudio de si la modificación introduce el incumplimiento del Art. 84.

Además, la  Alta Cámara de Recursos aprobó la “línea convencional” y desaprobó la “línea divergente” de manera explícita.

Por tanto, la conclusión es que a partir de la decisión G3/14 el examen de la claridad de las reivindicaciones en procedimientos de oposición deberá tener un alcance mucho más limitado que el que habían establecido las decisiones de la “línea divergente”.

Autor: Pedro Saturio

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martes, 7 de abril de 2015

Tomates y brécol: los productos obtenidos por procesos esencialmente biológicos sí son patentables


La primavera ha llegado acompañada de dos importantes decisiones sobre plantas: las decisiones G2/12 (Tomates II) y G2/13 (Brécol II) de la Alta Cámara de Recursos de la Oficina Europea de Patentes (EPO).

Ambas confirman que la EPO considera admisibles reivindicaciones de producto relativas a plantas e, incluso, a partes de plantas (G2/13) y a material vegetal tal como los frutos (G2/12), incluso en el caso de que, en la fecha de presentación de la solicitud, las plantas a proteger sólo puedan obtenerse por un método esencialmente biológico descrito en la solicitud. La sentencia sobre el brécol (G2/13) especifica, además, que la planta o el material vegetal a proteger pueden estar definidos por reivindicaciones en las que el producto quede definido por su procedimiento de obtención (“product-by-process claims”), aunque las características de dicho procedimiento indiquen que se trata de un proceso esencialmente biológico de obtención de plantas, todo ello con la condición de que la reivindicación no se refiera a una única variedad vegetal.

Las dos decisiones aclaran que la exclusión de patentabilidad de los procesos esencialmente biológicos de producción de plantas y animales, definida por el Artículo 53(b) del Convenio de la Patente Europea (EPC), no se extiende a las plantas y partes de plantas obtenidas mediante dichos procesos. Ello no altera, sin embargo, que las reivindicaciones que intenten proteger tales productos no podrán referirse a una única variedad vegetal, pues la protección de variedades vegetales y animales está también excluida de patentabilidad según el Artículo 53(b) del EPC. Este mismo requisito queda expresado con mayor detalle en la Regla 27(b) del Reglamento de Ejecución, donde se especifica que las invenciones biotecnológicas que se refieren a plantas sólo son patentables si es técnicamente posible llevarlas a efecto en más de una variedad vegetal concreta.

No es la primera vez que la interpretación del Artículo 53(b) del Convenio de la Patente Europea (EPC) ha requerido una decisión de la Alta Cámara de Recursos. De hecho, existen dos decisiones previas, G1/08 y G2/07, relacionadas también con tomate y brécol, que intentaban aclarar qué condiciones debe cumplir un proceso de producción de plantas para ser considerado “esencialmente biológico” y, por ello, excluido de patentabilidad. Las dos decisiones recientemente emitidas, G2/12 y G2/13, confirman que los productos obtenidos por tales procedimientos pueden ser patentables, siempre y cuando cumplan los requisitos generales de patentabilidad, como cualquier otro producto, y las condiciones impuestas por la Regla 27(b) del Reglamento de Ejecución.


La importancia de todas estas decisiones radica no sólo en la clarificación de los criterios para juzgar la patentabilidad de las invenciones en función del Artículo 53(b) del EPC, sino en la importancia comercial de los productos a los que afectan y a los que podrían afectar en un futuro.

Por otra parte, las invenciones que han dado lugar a dichas decisiones ilustran además el incesante afán del ser humano por modificar las especies vegetales y lograr, entre otros muchos objetivos, una mayor diversidad de alimentos. El brécol o brócoli (Brassica oleracea italica), en particular, es una buena muestra de los logros obtenidos, pues es una variedad perteneciente a la misma especie que el repollo, la coliflor o las coles de Bruselas, todas ellas variantes que tienen a la col silvestre como ancestro común y que han ido apareciendo mediante cultivo selectivo a lo largo de los años. La intervención del ser humano en la diversificación de especies y en la modificación de sus características ha sido tan habitual desde el Neolítico que no es percibida por el público en general como un proceso biotecnológico que dé lugar a inquietantes productos con consecuencias impredecibles, sino como un hecho natural, consustancial a nuestra evolución. Otras invenciones biotecnológicas, sin embargo, por estar basadas en hallazgos más recientes, provocan fácilmente un fuerte rechazo social, que en ocasiones influye en las decisiones sobre su patentabilidad o en la legislación que determina su marco de desarrollo y sus condiciones de comercialización.  



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